miércoles, 23 de noviembre de 2005

Aclimatándome

Estos días aquí no han ido mal. Estoy en un buen hotel, cerca de la universidad, aunque aparte de un par de restaurantes no hay nada más. Ya he dado una de las dos charlas que tenía que dar, y no fue mal. Lo malo es que Tony en realidad no vive aquí todavía (le están haciendo una casa) así que le veré sólo algunos días por semana. Tampoco es un gran problema, tengo todo lo que necesito en mi portátil y tengo internet en el hotel. Supongo que pasaré casi todo el tiempo aquí metido, ahora que llega el frío.

La única aventurilla que he tenido ha llegado esta mañana. Como tengo cocina, he preguntado dónde podía ir a comprar comida, y cuando me han preguntado "¿tienes coche?" me he dado de morros con uno de los paradigmas estadounidenses: sin coche no eres nadie. El centro comercial más cercano estaba a 1.5 millas. Así que me he puesto mi superabrigo, mis cascos y me he preparado para un buen paseo siguiendo la carretera. Lo malo ha sido que nada más salir ha empezado a nevar ligeramente, y aunque no había mucho viento, no ha parado en todo el día. Así que he llegado al hotel bastante helado, pero al menos esto vale de entrenamiento para mi vuelta a Montreal.

Mañana es acción de gracias aquí, y seguramente pasaré el día trabajando en mi habitación, no pasa nada porque la fiesta me da igual, pero me recuerda a mi acción de gracias del año pasado, que también pasé en EEUU...

domingo, 20 de noviembre de 2005

A punto de llegar

Acabo de ser procesado por el engranaje de la burocracia estadounidense. Papel azul para aduanas. ¿No eres canadiense? Papel verde para inmigración. Apellidos (no hay espacio para dos), nombre, fecha de nacimiento, nacionalidad. Firmar y fecha. Repetir por el otro lado. Repetir en el otro papel.

Primera cola de pasajeros. Agente de inmigración con cara de aburrido, me pregunta dónde voy, a qué, cuánto tiempo estaré. Huella izquierda, huella derecha. Foto. Sello y resguardo, si lo pierdo estoy perdido.

Siguiente cola para el escáner de maleta, ésta es rápida, la única. Continúo.

Tercera cola. Sacarse hasta los empastes de encima. Portátil, cartera. Mi mochila está un poco más de tiempo de lo normal dentro de la máquina de rayos X. Primero pienso que me van a recalentar el zumo y las galletas, pero luego me pongo serio y me pregunto si me habré dejado algún pequeño objeto afilado dentro. ¿O están mirando mi peluche? ¿Querrán destriparlo para ver si un peluche de tamaño medio contiene más relleno de algodón que la cabeza de algunos agentes de inmigración? Mi portátil ha tenido suerte, sólo un vistazo rápido por encima.

Por fin me pongo mi abrigo, mochila, portátil al hombro. Me siento y espero; en un rato por fin montaremos en el avión. God bless America.

[Horas después]

Estoy en el hotel, he pasado la tarde con Tony hablando un poco de todo. Tengo internet gratis en la habitación, pero sólo me pagan una o dos noches y es muy caro para pagarlo yo, así que hemos buscado algo más barato. Hemos encontrado un hotel que cuesta tres veces menos y está tres veces más cerca de la facultad. Por lo demás, poco que reseñar. El martes doy la primera charla y después trabajarmos dos semanas, doy la segunda charla (igual que la primera) y un par de días después, de vuelta a casa. Pan comido, ya os contaré.

Por cierto, cuando íbamos en coche había un cruce, si ibas a la izquierda llegabas a Toledo (!) y si ibas a la derecha, que es donde nos tocaba, llegabas a Flint (ciudad natal de Michael Moore). Que no se diga que no he visto nada curioso hoy.

sábado, 19 de noviembre de 2005

Hasta pronto

Esta noche tengo una cena (por iniciativa mía, en un restaurante español) y mañana temprano salgo para EEUU, que no me pase nada. Son sólo un par de horas, ya intentaré escribir pronto desde allí. ¡Saludos!

miércoles, 16 de noviembre de 2005

La primera nevada

Ayer nevó, la primera vez este invierno (aunque todavía es otoño). De hecho hoy casi no ha hecho frío, pero seguro que la gente de aquí lo nota mucho: el aviso de que se acercan unos cuantos meses de frío y oscuridad. Por lo menos yo estoy preparado: me he comprado un abrigo tan gordo, que en realidad son dos (sí, se desmonta). Os pongo unas fotos con y sin abrigo:


Y si me quito algo más...

sábado, 12 de noviembre de 2005

Imperialismos

Llevo un par de semanas mirando el pronóstico del tiempo de vez en cuando, a ver cuándo pasamos aquí la barrera psicológica de los 0 grados ("ni frío ni calor"). Ya estaba haciendo más y más frío últimamente (aunque alegra bastante el soleado cielo sin nubes) y ayer por la noche he visto en una tienda que la temperatura era de 28º. Después de unos segundos de desconcierto (la línea del "menos" no funciona, o es una tienda de estufas, o mide la temperatura en distintos lugares del mundo, como los relojes de los bancos) he caído en que eran grados Fahrenheit. Había pasado la barrera, que equivale a 32ºF, sin darme cuenta, y no he podido hacer todo tipo de poesía y prosa acerca de ese hecho tan relevante. Así que para compensaros por la digresión filosófica que os habéis perdido, os cuento algo que me pasó con Randy el otro día en relación con esta cosa tan buena para la mente que es tener dos sistemas de medida.

Estaba tocando el piano en su casa, y sube del sótano con cara preocupada. Se acerca a mí y me dice que siente bastante calor. Siendo una mujer mayor, puede ser cualquier cosa, pero ella ya ido a por el termómetro. Me pregunta "¿qué temperatura es la normal?" Le digo que, si no me equivoco, unos 36 y algo. Ella me dice que según el termómetro tiene 34, así que no pasa nada, está bastante cerca... como le comento que dos grados y medio no es poco (si hubieran sido de más habría sido algo serio), le sugiero mirar en internet cuál es la temperatura normal. Pero para ella eso es todo un esfuerzo, y recuerda en ese momento que lo normal son 98.6 grados Fahrenheit. De algún recóndito rincón en mi cabeza de repente salen los números "0ºC=32ºF y 100ºC=212ºF". Así que tendré que hacer una resta y luego una regla de tres...

Le pongo la mano en la frente a Randy, le digo "pues a mí me parece que estás bien", nos encogemos de hombros, y vuelvo a tocar el piano mientras ella va a hacer su cena.

Qué voy a hacer yo, que los científicos americanos no hayan intentado ya...